domingo, noviembre 23, 2008

La Ley de Murphy (Arthur Bloch)




¿Nunca ha sonado el teléfono de su casa en el preciso instante en que usted se sentaba en el excusado? ¿Tampoco ha aparecido el autobús que llevaba horas esperando justo cuando se ha encendido un cigarrillo? ¿Nunca ha llovido a cántaros, precisamente el día que había llevado el coche a lavar, ni ha dejado de llover nada más comprar un paraguas? Es posible que usted se diera cuenta en ese momento de que se estaba tramando algo, que existía un principio universal más allá de su comprensión y que estaba muerto de rabia por que le pusieran un nombre. También, es posible que usted deseara recurrir a la Ley de Murphy, el Principio de Peter o la Ley de la Gravitación Selectiva, si es que había oído hablar de ellas, sólo para darse cuenta de que se le había olvidado el nombre exacto.


Aquí tenemos un pequeño compendio de referencias, que parten del juicio y de la sabiduría de nuestros tecnólogos, burócratas, humanistas y observadores antisociales más deliciosamente dementes. Lo han elaborado y nos lo presentan con la finalidad de proporcionarnos un ligero "alivio kármico".

A lo largo de la historia, los eruditos y los sabios nos han divertido con las leyes del Universo, las estructuras sutiles aunque inmutables que rigen el orden cósmico. Hemos recibido las Leyes Morales de los religiosos; las Leyes del Karma de los místicos; Las Leyes de la Lógica de los racionalistas y las Leyes de la Estética de los artistas. Ahora es el turno de los tecnólogos y de agudizar nuestro oído colectivo.