Se ha producido un error en este gadget.

lunes, febrero 25, 2008

Los versos satánicos (Salman Rushdie)






Un avión secuestrado estalla a gran altura sobre el canal de la Mancha. Dos supervivientes caen al mar: Gibrel Farishta, un legendario galán cinematográfico, y Saladin Chamcha, el hombre de las mil voces, autodidacta y anglófilo furibundo. Consiguen llegar a una playa inglesa y notan unos extraños cambios: uno ha adquirido una aureola y el otro ve con horror cómo crece el vello de sus piernas, los pies se le convierten en cascos y las sienes le abultan... Los versos satánicos es la novela más célebre, iconoclasta y polémica de Salman Rushdie. Una referencia ineludible de la literatura de nuestro tiempo.

Memoria de mis putas tristes (Gabriel García Márquez)


La última obra publicada por el laureado escritor colombiano Gabriel García Márquez, Memoria de mis putas tristes, es una novela breve que narra la conmovedora historia de un anciano periodista que en su cumpleaños número noventa decide regalarse una noche de placer con una adolescente virgen y, sin esperarlo, se enamora por primera vez en su vida... sólo que de una muchacha de catorce años, a la que bautiza como Delgadina, haciendo referencia a un romance tradicional de origen español.
El deseo y la insatisfacción son los móviles de esta semblanza que provoca que el lector se emocione con las memorias de un solitario anciano que, hasta antes de enamorarse de la jovencita que conoció en el burdel de Rosa Cabarcas, llevaba una vida rutinaria dedicada exclusivamente a leer, a escuchar música, a escribir su columna en El Diario de La Paz y a disfrutar del sexo con prostitutas. La descripción que el autor hace del protagonista es clara, contundente y nos inmiscuye de lleno en el espíritu de la historia: “Dicho en romance crudo, soy un cabo de raza sin méritos ni brillo, que no tendría nada que legar a sus sobrevivientes de no haber sido por los hechos que me dispongo a referir como pueda en esta memoria de mi grande amor.”
Así, conforme el protagonista se enamora, va cambiando su visión del mundo y de la existencia —hasta el grado de cuestionar los límites de la realidad y la forma en que ha vivido durante casi un siglo—; y va construyendo una relación, un amor y una sexualidad muy singulares, acordes con la situación y con las necesidades de ambos. El protagonista dice: “Yo navegaba en el amor de Delgadina con una intensidad y una dicha que nunca conocí en mi vida anterior. Gracias a ella me enfrenté por vez primera con mi ser natural mientras transcurrían mis noventa años.”
Noche tras noche, el periodista nonagenario visita el burdel donde pasa veladas enteras al lado de Delgadina, con quien establece una comunicación muy original. Mientras ella está dormida, él le canta, le platica y le lee obras como El principito, de Saint-Exupéry, los Cuentos, de Perrault, la Historia Sagrada y Las mil y una noches. Al respecto señala: “Su sueño tenía diversos grados de profundidad según su interés por las lecturas.”

A lo largo de la novela, Gabriel García Márquez hace constantes referencias pictóricas, literarias y musicales que ayudan a crear una atmósfera que fluctúa entre la ternura, la ilusión, la tragedia y la desesperanza. También se reconocen concepciones orientales sobre el deseo, el amor y la sexualidad, e importantes alusiones a La casa de las bellas durmientes del escritor japonés Yasunari Kawabata.
Memoria de mis putas tristes es una novela de agradable lectura que nos deslumbra con múltiples frases cargadas de significado y nos hace reflexionar sobre el amor, la sexualidad y la vejez. Además, es una oportunidad inmejorable para disfrutar de literatura de calidad escrita originalmente en español, lo que nos permite acceder un nivel de comunicación que resulta impensable con un libro traducido de otro idioma.
Si ya has leído alguna obra de Gabriel García Márquez con anterioridad, seguro que este libro te gustará; y si nunca lo has hecho, ésta es una buena ocasión para que la conozcas.

viernes, febrero 22, 2008

Quién es quién en la mitología (Alexander S. Murray)





Este libro de referencia, de incalculable valor, cuenta con la precisión y detalle las historias de los dioses y sus hazañas. Dedicado principalmente a la mitología griega y romana, también hace referencia a la escandinava, la germana, la hindú y la mitología egipcia, justificando el propósito de esta obra como un completo libro de consulta de la mitología.La guía mas completa contiene ilustraciones, así como notas sobre las más importantes obras de arte en las que están representadas las deidades.


El fascismo (Stanley G. Payne)





Este documentado ensayo se propone definir EL FASCISMO a través del estudio comparado de los diversos movimientos que han esgrimido ese nombre o que lo han recibido de sus adversarios. STANLEY G. PAYNE establece los criterios que diferencian al fascismo tanto de la derecha autoritaria conservadora como de la extrema derecha. Los sistemas de Mussolini y Hitler, los regímenes de Franco y Salazar, la expansión mimética del fascismo en diversas naciones europeas y la difusión de sus rasgos doctrinales en otros lugares del planeta suministran un rico material empírico para la síntesis. En su búsqueda de una tipología del fascismo genérico, Payne rechaza las explicaciones monocausales, subraya la complejidad de este fenómeno y apunta los rasgos comunes ideológicos, políticos y retóricos de una manifestación peculiarmente europea e históricamente enmarcada en el periodo de entreguerras.

Travesuras de la niña mala (Mario Vargas Llosa)




¿Cuál es el verdadero rostro del amor?
Ricardo ve cumplido, a una edad muy temprana, el sueño que en su Lima natal alimentó desde que tenía uso de razón: vivir en París. Pero el rencuentro con un amor de adolescencia lo cambiará todo. La joven, inconformista, aventurera, pragmática e inquieta, lo arrastrará fuera del pequeño mundo de sus ambiciones.
Testigos de épocas convulsas y florecientes en ciudades como Londres, París, Tokio o Madrid, que aquí son mucho más que escenarios, ambos personajes verán sus vidas entrelazarse sin llegar a coincidir del todo. Sin embargo, esta danza de encuentros y desencuentros hará crecer la intensidad del relato página a página hasta propiciar una verdadera fusión del lector con el universo emocional de los protagonistas.
Creando una admirable tensión entre lo cómico y lo trágico, Mario Vargas Llosa juega con la realidad y la ficción para liberar una historia en la que el amor se nos muestra indefinible, dueño de mil caras, como la niña mala. Pasión y distancia, azar y destino, dolor y disfrute... ¿Cuál es el verdadero rostro del amor?


lunes, febrero 18, 2008

Conoce al autor

Recientemente, un colectivo de escritores entre los que se encuentran Jordi Costa, Espido Freire o Paulo Coelho, han hecho realidad la iniciativa de que todos podamos conocer sus obras a través de videos explicativos en los que ellos mismos nos hablan de sus creaciones más recientes, inspirándose quizás en escritores que ya llevaban a cabo esta labor pero en el archiconocido YouTube. La página se llama ConoceAlAutor.com y nos brinda también la posibilidad de suscribirnos para recibir en nuestro buzón electrónico las últimas novedades. Sería todo un logro conseguir que un número importante de escritores se adhiriesen al proyecto con el objetivo de disponer de un único punto de referencia para este tipo de vídeos.


viernes, febrero 15, 2008

Naranjas

La vieja escalera de metal siente nostalgia de ti. Junto a ella, cada tarde, siguen rugiendo las mismas locomotoras que hace años nos obligaban a elevar el tono de voz para no interrumpir nuestra conversación. Pero ahora la escalera se muestra irritable, asustadiza y algo contrariada ante tan ensordecedor ruido. Ha perdido la sonrisa de antaño cuando, después de almorzar, te sentabas en su regazo a comer una naranja y de tu pequeña boca empezaba a brotar la fragancia embriagadora del zumo dulzón. Por más que intentaba evitarlo no conseguía escapar al hechizo de aquel aroma que todo lo impregnaba, estimulando mis sentidos y anestesiando mi alma. Con el solo gesto de desviar tu mirada hacia el horizonte conseguías transportarme a tu particular Edén. Eras la viva imagen de una Eva despreocupada, libre de pecado, cuyo único destino era hacerme caer en la tentación de la jugosa fruta extendiendo el brazo hacia mi boca con algún delicioso gajo. Desde luego que hubiese aceptado todos tus ofrecimientos si no fuese porque ya había saciado antes mi apetito contemplándote. Con todo, agradecía tu sonrisa pícara y la insistencia burlona con la que me asaltabas, a la manera en la que se trata de persuadir a un niño para que se coma toda la verdura. Entonces tenía metido en la cabeza que serías la mejor madre del mundo y, sin duda, no me equivocaba.

Aunque disfrutaba mucho hablando contigo, el paso continuado de los trenes hacía que, en ocasiones, nos rindiésemos al silencio. Era una muestra de cortesía hacia aquellas moles metálicas que majestuosamente irrumpían en nuestra intimidad vindicando su derecho a ser escuchadas. Estoy convencido de que tú sí las entendías. En cambio, mis esfuerzos por interpretar su lánguido lamento de acero resultaban del todo inútiles. Ojalá que te contasen lo que yo pensaba y nunca me atrevía a decirte. Mi única osadía en aquellos instantes de silencio era aproximar mi mano hacia tu pelo para juguetear con él. Me fascinaba tu cabello. Tan liso y moreno cayendo como el agua cristalina de una cascada sobre los delicados hombros de alabastro. Si ya su tacto sedoso me resultaba gratificante, qué decir de tu sutil gesto de aprobación, reclinando el cuello levemente para hacer más intensa la presencia de mi mano. Convertimos aquellas caricias casi instintivas en un ritual sagrado, y las locomotoras, cómplices de nuestra ternura, acudían solícitas cada tarde para acallar nuestras voces y agitar nuestros corazones con su estruendoso latido.

Ellas también te echan de menos. Pero mucho más te extraña la vieja escalera de baranda verde. Aún recuerdo cuando te apoyabas en ella para ver desde lo alto qué transportaban los vagones de mercancías. Siempre te volvías hacia mí con el mismo gesto de decepción porque la carga era grano, madera o carbón y no naranjas como seguro que a ti te hubiese gustado. A decir verdad, también yo preferiría que fuesen naranjas porque un día me confesaste que me querrías mientras tuvieses una naranja que comer al pie de la escalera. Fue un día de primavera, al caer la tarde, cuando la luz del sol ya se había desvanecido y su calor tenue corrió a agazaparse en tus mejillas a la espera de un beso que nunca llegó. No sabes cuánto lamento mi torpeza. Por mi culpa ahora una escalera sufre en soledad y se duele de que no haya naranjas que calmen su agonía. Porque si al menos quedase alguna, una simple naranja, tú irías a saborearla en su regazo y yo comería también de ella para pecar y ser expulsado de este triste Paraíso.


Neuromante

miércoles, febrero 13, 2008

Gutenberg tras la red

La Fnac Triangle de Barcelona organizó del lunes 21 al jueves 24 de enero, el ciclo de debates Gutenberg tras la red, dedicado a analizar el impacto de la irrupción de la tecnología digital, y especialmente de Internet, sobre el mundo de la cultura escrita y al negocio editorial.











sábado, febrero 09, 2008

Jorge Luis Borges - La casa de Asterión

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda transmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.

Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. ( A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el del otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Esto no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá que me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba un vestigio de sangre.

- ¿Lo creerás, Ariadna? - dijo Teseo -. El minotauro apenas se defendió.

viernes, febrero 08, 2008

¿Qué es el amor?

jueves, febrero 07, 2008

Pregunta de examen (para subir nota)


La siguiente pregunta fue hecha en un examen trimestral de química en la Universidad de Toledo:

¿Es el Infierno exotérmico (desprende calor) o endotérmico (lo absorbe)?

La mayoría de estudiantes escribieron sus comentarios sobre la Ley de Boyle (el gas se enfría cuando se expande y se calienta cuando se comprime). En cambio, la respuesta de uno de los estudiantes fue tan "profunda" que el profesor quiso compartirla con sus colegas, vía Internet, razón por la cual podemos todos disfrutar de ella:


"En primer lugar, necesitamos saber en qué medida la masa del Infierno varía con el tiempo. Para ello hemos de saber a qué ritmo entran las almas en el Infierno y a qué ritmo salen. Tengo sin embargo entendido que, una vez dentro del Infierno, las almas ya no salen de él. Por lo tanto, no se producen salidas.

En cuanto a cuántas almas entran, veamos lo que dicen las diferentes religiones.
La mayoría de ellas declaran que si no perteneces a ellas, irás al Infierno. Dado que hay más de una religión que así se expresa y dado que la gente no pertenece a más de una, podemos concluir que todas las almas van al Infierno. Con las tasas de nacimientos y muertes existentes, podemos deducir que el número de almas en el Infierno crece de forma exponencial.

Veamos ahora cómo varía el volumen del Infierno. Según la Ley de Boyle, para que la temperatura y la presión del Infierno se mantengan estables, el volumen debe expandirse en proporción a la entrada de almas.
Hay dos posibilidades:

  1. Si el Infierno se expande a una velocidad menor que la de entrada de almas, la temperatura y la presión en el Infierno se incrementarán hasta que éste se desintegre.
  2. Si el Infierno se expande a una velocidad mayor que la de la entrada de almas, la temperatura y la presión disminuirán hasta que el Infierno se congele.

¿Qué posibilidad es la verdadera? Si aceptamos lo que me dijo Teresa en mi primer año de carrera ("hará frío en el Infierno antes de que me acueste contigo"), y teniendo en cuenta que me acosté con ella en la noche de ayer, la posibilidad número 2 es la verdadera. Doy por tanto como cierto que el Infierno es exotérmico y que ya está congelado.

El corolario de esta teoría es que, dado que el Infierno ya está congelado, ya no acepta más almas y está, por tanto, extinguido... dejando al
Cielo como única prueba de la existencia de un Ser Divino, lo que explica por qué, anoche, Teresa no paraba de gritar "¡Oh, Dios mío!"

Dicho estudiante fue el único que sacó "sobresaliente".

domingo, febrero 03, 2008

Diego Vasallo - Juegos de amor (Donde cruza la frontera)

Juegos de amor (1992)


Tú, dulce ambición,
fruta fatal que yo mordí sin razón.
Jugué a juegos de amor sin sospechar
aquel amargo sabor a dolor, a dolor.

Y ahora vivo aquí donde cruza la frontera
entre la razón y una inútil ilusión traicionera.

Hoy le pido a Dios no descubrir
aún el final de los dos.
Voy sin dirección buscando más
prohibidos juegos de amor y dolor, y dolor.

Fue clemente el juez,
sólo el tiempo es mi condena.
Y ahora vagaré de la mano de cualquier
alma en pena.

Y tú, la negra flor de mi jardín,
veneno dulce y mortal.
Mujer, sueño real, no pienses mal
si ya no estoy por aquí al llamar al portal.

Y ahora vivo aquí donde cruza la frontera
entre la razón y una inútil ilusión traicionera.


Donde cruza la frontera (2006) (Con Quique González)


De amor, de terciopelo y espinas,
de cactus en flor, de olvidos por las esquinas.
Al deshojar los juegos de amor
vuelve a vibrar un descolorido temblor en la deriva de los días.

Y ahora vivo aquí, donde cruza la frontera
entre la razón y una inútil ilusión traicionera.

Mi cruz, mi muestrario de heridas, nuestros días de luz
y nuestras estrellas caídas de este espejo que no escupe nada
tan sólo el débil reflejo de esta escueta balada,
con la luna a cuestas y el agua al cuello.

Fue clemente el juez, sólo el tiempo es mi condena
y ahora vagaré de la mano de cualquier alma en pena.

De esta vida, de este manual compartido
de las despedidas, de todo este amor esparcido
de las penas y de las alegrías,
de este calor en las venas,
cuando con tus manos frías recompones mi vida entera.

Y ahora vivo aquí, donde cruza la frontera
entre la razón y una inútil ilusión traicionera.